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Las pinturas vivas de Vanessa Beecroft
Marc Montijano Cañellas
18/06/2007


Vanessa BeecroftItaliana de nacimiento, aunque reside en Nueva York desde hace años, Vanessa Beecroft (Génova, 1969), es una de las figuras indiscutibles del panorama actual.

La artista trabaja la imagen de la mujer formando cuadros vivientes, creando unas obras provocadoras e intrigantes, bellas y descabelladas, efímeras aunque apresadas, en parte, por la fotografía y el video.

Su trabajo se exhibe en galerías, museos y centros de arte de todo el mundo materializado en fotografías y videos. Imágenes capturadas de unas acciones artísticas o performances previas, que son el eje central de su obra.

Al ser la performance, un acto fugaz, necesita de la fotografía y el vídeo para registrarse. Aunque estas imágenes obtenidas, no dejan de ser documentos incompletos. Es decir, son visiones parciales de la verdadera obra de arte, la performance, compuesta por otros elementos psicológicos y ambientales imperceptibles por medios mecánicos.

La obra de Beecroft está muy vinculada al universo femenino, ejecuta normalmente sus performances con grupos de mujeres [Nota 1], desnudas o semidesnudas, que expresan un arquetipo de belleza similar. Que responde a patrones muy concretos y a ciertos rangos de edad. Una selección nada casual, con una vinculación con la propia artista [Nota 2].

Normalmente utiliza modelos delgadas, que en ocasiones recuerda a la modelo de pasarela desposeídas de su función de percha [Nota 3]. Privadas de cualquier elemento que pueda expresar su individualidad, uniformadas y homogeneizadas, permanecen atentas a las órdenes de Beecroft.

VB43 2000   VB43 2000   VB43 2000  VB43 2000

Sin poder hablar, sin poder moverse de su emplazamiento, sin poder comunicarse con el público, un pequeño ejército femenino posa obediente. Como estáticas divinidades ensimismadas, alejadas de la realidad, ajenas a su entorno, ignorándolo pero interactuando inevitablemente con él con su presencia. Estas relaciones emocionales son básicas en la obra de Beecroft, sus trabajos se basna en las relaciones que se establecen entre las modelos y el público, entre cada uno los individuos y en el conjunto. Y a la vez, todo este proceso interrelacionado nace de la interacción de las propias modelos con ellas mismas.

Vanesa Becroft comenzó a realizar estas performances en 1993, porque tenía la sensación de que la pintura no era el medio más adecuado para retratar fielmente a un sujeto que está vivo. Pero su vinculación con la pintura y la escultura, ha seguido estando muy presente. Según ella, sus obras son pinturas que se desarrollan lentamente en el tiempo. Y aquí anunciamos un factor determinante en su trabajo, el tiempo.

Las imágenes durante la performance, van cambiando. El tiempo ejerce de actor importante en las obras de Beecroft, desmontando el orden preestablecido. La artista juega con ello. Dicta las condiciones y permite que el cansancio de las modelos, producido por una larga [Nota 4] e incómoda sesión, desmenuce y haga decaer la formación inicial. Las frías y artificiosas imágenes, terminan doblegadas, trasformadas en iconos más mundanos. Abatidas mujeres, aburridas, sin fuerzas, derrotadas, que miran al infinito y que terminan sentadas, en cuclillas o tumbadas.


VB53 2004   VB53 2004  VB53 2004

Como en las conocidas imágenes de VB53, la performance realizada en un invernadero de cristal y hierro, el Tepidarium de Roster en el Giardino dell’Orticultura de Florencia, en junio de 2004. Donde, obligadas por el cansancio, las veintiuna modelos vestidas únicamente con unas sandalias de tacón terminan tumbadas o sentadas sobre un montículo de tierra oscura, color café. Y en consecuencia, manchando su cuerpo desnudo. Manos, codos, muslos, rodillas, glúteos aparecen sucios, con restos de tierra, dando una mayor sensación de decrepitud, de ser el final de un proceso, proporcionándole a la performance un efecto más dramático, más teatral.

VB53 2004  VB53 2004  VB53 2004

En su obra hay un componente autobiográfico muy marcado, con ciertas pinceladas obsesivas sobre el aspecto de la mujer [Nota 5]. La delgadez, la apariencia física, el cuerpo femenino, y la observación del mismo por parte de la sociedad y de la propia mujer. Un universo que aflora en toda su obra y que está fuertemente enraizado en la sociedad occidental, fruto de nuestros anhelos y obsesiones, mezcla de deseo e imposición.

El espectro de la anorexia frecuentó su adolescencia y juventud, el control obsesivo del alimento ingerido, y el ejercicio físico más allá de cualquier límite fueron constantes en etapas anteriores de su vida. Incluso llegó a realizar un diario alimenticio en el que detalló cada bocado dado entre 1983 y 1993, acompañándolo con notas, sobre las sensaciones de culpabilidad, las visitas psiquiátricas, los comentarios sobre sus padres, etc.


VB01 1993  VB55 2005  VB33 1997


Esta recopilación obsesiva, casi patológica, es una pieza capital que marca el inicio de su carrera en 1993 y establece muchas pautas que se irán repitiendo a lo largo de su trayectoria. En su primera exposición individual, celebrada en la galería Inga-Pinn de Milán, Beecroft mostró una serie de acuarelas [Nota 6] acompañadas de textos correspondientes a su diario. Ni el diario ni estas acuarelas íntimas habían sido pensadas para mostrarse en público, eran una vía de escape privada, una respuesta terapéutica a sus obsesiones.


Cuando Beecroft decidió exhibir estas huellas de su lucha contra la anorexia, quiso además elegir a parte de los asistentes. Confeccionando una performance muy sencilla y elemental, pero que reforzaba aún más el elemento autobiográfico. Seleccionó a un grupo de mujeres que había visto en la calle, muchas de ellas elegidas por su semejanza con la propia artista. Un vez en la galería, Beecroft modificó el aspecto de esas treinta muchachas vistiéndolas con ropas suyas y haciéndolas visualmente más homogéneas, y les indicó que se movieran alrededor del espacio, sin hacer ruido, guardando cierta distancia entre ellas. A esta performance la llamó VB01 (Vanessa Becrooft 01), a partir de ahí, siguiendo la misma pauta, numeró cronológicamente todas sus performances (VB01, VB02, VB25, VB45, etc).

VB45 2001  VB46 2001   VB46 2001  VB47 2001

A pesar de todo lo dicho sobre sus obsesiones y problemas de juventud, que han dejado indudablemente una fuerte impronta en su obra, no hay un mensaje prefijado. Cada persona puede pensar lo que quiera, vivir la experiencia a su modo y sacar sus conclusiones particulares.

Beecroft es muy coherente con su trabajo, no reivindica nada, no lucha públicamente contra nada. En sus performances muestra el cuerpo femenino una y otra vez, pero sus razones son más artísticas y expresivas que literarias o sociales. Y si hay algún contenido de fondo, este no es otro que la normalización del desnudo y del cuerpo de la mujer, siempre con un punto de provocación, pero sin abanderar ninguna causa.


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Nota 1: A excepción de dos performances, en las que contó con modelos masculinos. VB39, realizada en 1999 en el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego y de VB42, que tuvo lugar en el año 2000, en el Space Museum de Nueva York.

Nota 2: Vanesa Beecroft busca que sus modelos se identifiquen con ella misma, para ello antes de ser seleccionadas deben superar numerosos cuestionarios.

Nota 3: En principio las modelos para sus performances eran voluntarias ahora cuenta con profesionales. Su reputación ha ido creciendo y con ella el presupuesto con el que cuenta. En la actualidad también trabaja con maquilladores profesionales y, apuntándose a la estela de su fama, diseñadores de renombre como Prada, Tom Ford, Helmut Lang, Dolce & Galbana o Manolo Blahnik, entre otros, han prestado o creado muchas de las ropas y los complementos que usan las modelos durante sus performances.

Nota 4: Por ejemplo, en VB46, performance realizada en Los Ángeles en 2001. Beecroft dispone a veinte mujeres en silencio, todas con el sexo depilado, pelucas rubias, las cejas teñidas de rubio, los labios pintados de un color pálido y zapatos de tacón blancos, durante tres horas en una sala de la Galería Gagosian.

Nota 5: Su trabajo, como ya hemos apuntado, tiene mucho de autobiográfico. Sus performances, son autorretratos en los que cede el protagonismo a unas modelos, pero a las que sin embargo traspasa todos sus miedos, ansiedades y obsesiones.

Nota 6: Se trata de una colección de dibujos y acuarelas de muchachas que luchan contra desórdenes alimenticios. Dibujos muy simples y esquemáticos, casi infantiles, pero que reflejan dolorosamente sus obsesiones y fantasmas.