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Melancholia: Inversión del mito de la caverna
José Luis Boj Ferrández
20/02/2012



FICHA TÉCNICA DE 'MELANCHOLIA'

Melancholia+ Dirección y guión: Lars Von Trier
+ País: Francia, Italia, Alemania, Suecia y Dinamarca
+ Año: 2011
+ Duración
: 136 min.
Interpretación
: Kirsten Dunst (Justine), Charlotte Gainsbourg (Claire), Alexander Skarsgård (Michael), Brady Corbet (Tim), Cameron Spurr (Leo), Charlotte Rampling (Gaby), Jesper Christensen (padrecito), John Hurt (Dexter), Stellan Skarsgård (Jack), Udo Kier (organizador de bodas),Kiefer Sutherland (John), James Cagnard (padre de Michaels), Deborah Fronko (madre de Michaels), Charlotta Millar (Betty 1), Claire Miller ( Betty 2).
+ Productores ejecutivos: Peter Garde y Peter Aalbæk
+ Productores: Louise Vesth y Meta Louise Foldager
+ Montaje: Molly Marlene Stensgård, Morten Højbjerg
+ Direño de producción: Jette Lehmann
+ Música: Mikkel Maltha
+ Fotografía: Manuel Alberto Claro
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Diseño de Vestuario:
Manon Rasmussen


Con la distancia de los meses transcurridos desde la presentación en mayo de 2011 de Melancholia en Cannes y las polémicas declaraciones que le valieron a Lars Von Trier la mención como persona non grata, esta obra cinematográfica, estéticamente sublime, empieza, a pesar de las polémicas, a ser valorada en sí misma. Ya en Cannes Kristen Dunst obtuvo el premio a la mejor actriz.

El film, ambientado en la perspectiva nada acogedora de la destrucción total del planeta, cuenta asimismo una historia humana en un complejo entramado metafórico donde se solapan y superponen distintos niveles de significación.


A pesar del cataclismo cósmico, Melancholia habla también de la depresión. Se ha dicho que el escenario de la catástrofe no es sino el reflejo exterior del caos interior de Justine, el personaje principal. Sin embargo, parece más razonable interpretar ambas dimensiones significativas como indisociablemente unidas.

  

La película consta de dos partes, relativas a las vivencias de Justine (Kristen Dunst) y su hermana Claire (Charlotte Gainsburg) durante el peligroso acercamiento de un planeta errante llamado ‘Melancolía’.

El film comienza con un preludio, acompañado de la música de Tristán e Isolda de Beethoven, donde se anticipan imágenes del catastrófico final. El tempo en el cual se suceden estas imágenes, dotadas de un gran lirismo, se encuentra ralentizado, como si el campo gravitacional de Melancolía se hiciera sentir ya en el espacio-tiempo.

A continuación, la narración se centra en la boda de Justine con Michael (Alexander Skarsgård) en la mansión de John, el marido de Claire (Kiefer Sutherland). La ceremonia, minuciosamente preparada por Claire y pagada por su marido, consiste en un desfile de oropeles y banalidades propios de la alta burguesía, un pretencioso escaparate de pompa y lujo que no logra, sin embargo, ocultar las desavenencias familiares y, en general, la fragilidad y violencia implícita en toda relación humana. Justine deambulará por su propia fiesta de boda librando una intensa lucha interior contra su estado de melancolía y temor en un intento de guardar las formas y comportarse como todos esperan que lo haga. Conforme avanza la fiesta, una desestabilizada Justine se rebela contra la hipocresía y la arbitrariedad de las absurdas convenciones burguesas que anuncian un futuro matrimonio marcado por la pobreza de espíritu y el comedimiento propio de un estilo de vida que no es el suyo. El clímax de su caótica e impulsiva conducta tiene lugar cuando Justine se abandona a un improvisado affaire sexual con un invitado que propiciará la ruptura con Michael.

En la segunda parte de la historia, Claire, tras el desastre nupcial, acogerá en su casa a su hermana, sumida en una profunda depresión. Cuida de ella y dan largos paseos a caballo. El planeta Melancholia se acerca a la Tierra y Claire empieza a sentirse inquieta. Trata de buscar tranquilidad en el optimismo de su marido, que ha investigado personalmente las probabilidades de desastre y se ha acogido al pronóstico tranquilizador de los científicos. Pero el temor de Claire no desaparece, y Justine no tiene duda alguna de que el cataclismo tendrá lugar. Claire sorprenderá a su hermana desnuda en la noche, tumbada junto al río, sobre la hierba, contemplando en gigantesco astro como quien espera a su amante, representando la terrible y sensual escena de la eterna pugna y la poderosa atracción entre Eros y Thanatos. Tras creerse a salvo al contemplar a Melancolía alejándose de la Tierra, Claire descubrirá, al amanecer, que ambos astros se han enzarzado en una danza de muerte, atraídos por sus respectivos campos gravitatorios. Las dos hermanas, junto a Leo, el hijo de Claire, deberán decidir qué hacer durante los últimos momentos antes de la aniquilación total.

  

En consonancia con el sentir postmoderno, Melancholia es un film eminentemente nihilista y antimetafísico. Si la metafísica de todos los tiempos se ha caracterizado por apelar a una realidad o núcleo ideal, suprasensible, donde el ser humano pudiera proyectar sus esperanzas de trascendencia más allá de la finitud y la corrupción mundanas, el nihilismo ha ido dejando a dichas aspiraciones sin suelo firme donde pisar. La ciencia ha producido un progresivo desencantamiento del mundo, pero la metafísica sobrevivió durante la modernidad reapropiándose de las esperanzas de trascendencia y conservándolas ocultas en aquello que se configuró, en la Ilustración, como idea de progreso. La metafísica pasó de vivir cómodamente en las promesas de bienaventuranza y salvación eterna del cristianismo medieval para subsistir en forma de felicidad secular en la contribución al progreso ilimitado de la razón y la civilización.

Sin embargo, la problematización de la idea de progreso en el panorama postmoderno ha contribuido a asediar a este reducto metafísico. Ni la inmortalidad del alma, ni el progreso, ni la utopía posthistórica, ni la racionalidad instrumental y su dominio sobre la naturaleza pueden salvaguardar la trascendencia humana en un universo en constante entropía. Melancholia invita a rememorar la declaración con la que un joven Nietzsche encabezaba su Sobre verdad y mentira en sentido extramoral: ‘En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la ‘Historia Universal’: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer’.

Lars von Trier podría haber elegido un agujero negro, tormentas de Rayos Gamma procedentes de alguna supernova u otros cataclismos que hoy consideramos probables para representar la misma idea que Nietzsche: que la eternidad no está al alcance del ser humano ni de sus obras. Sin embargo, Lars ha optado por la colisión de dos colosales astros, haciendo honor a los cánones de belleza y perfección que los antiguos concedían a las esferas celestes.

Como en la cita de Nietzsche, la negación de la humana trascendencia se encuentra ligada, en Melancholia, a una crítica al conocimiento y su ‘altanería’, es decir, a la fe en la verdad, que aunque se vista con los ropajes de la ciencia es heredera de los anhelos eternizantes de la providencia cristiana. Es difícil no identificar en el film la adscripción de Lars a la crítica postmoderna al cientifismo positivista: John, como sujeto burgués y ocioso -es decir, Ilustrado- que puede permitirse el lujo de emplear su tiempo comprobando los cálculos, profesa una fe dogmática en el paradigma científico. Sólo cuando cree que todo peligro ha pasado se muestra débil y humano, asumiendo la posibilidad de error. Y cuando advierte que todos los cálculos eran erróneos, cuando su fe se desmorona, corre y se oculta para suicidarse, abrazando una muerte miserable en la cuadra, entre las bestias.

En la misma dirección apunta la sensibilidad de Justine, una especie de clarividencia intuitiva. Ella se identifica con la ‘Ophelia’ de John Everett Millais, con lo cual parece sugerírsenos una relación entre locura y lucidez. No queda claro en qué sentido podría ser coherente la clarividencia de Justine con la ausencia absoluta de trascendencia religiosa o mística en el film. El elemento visionario siempre se ha relacionado con una realidad suprasensible, fuente de toda revelación. Pero en Melancholia, lo que espera al espectador tras los créditos es la más absoluta nada. La intuición de Justine es, podríamos decir, similar a la de los caballos. Podríamos interpretarla como la lucidez nihilista de quien no se deja cegar por profesión de fe alguna, pero esta explicación es insatisfactoria, con lo cual, es más plausible reconocer cierto afecto del director al irracionalismo romántico.

  

En el desenlace de la película, Justine le dice a Leo, su sobrino, que ella puede construir una cueva mágica que les proteja del trágico desenlace. Juntos cortan unas cuantas ramas y las aseguran en el suelo, sujetas por la parte superior. Ambas hermanas, junto al pequeño, se introducen en el interior del círculo mágico cogidos de las manos. Mientras Leo espera, con los ojos cerrados, a que el sortilegio surta efecto, asistimos a la angustia de Claire como madre y a la aceptación —no sin sufrimiento— de Justine que, sin embargo, en cierto sentido se libera del sufrimiento del mundo, pero también se redime por haber podido ayudar, por una vez, a su hermana Claire dándole fuerzas suficientes para afrontar junto a su hijo el inminente final. Justine extrae su fuerza de su sufrimiento y su desapego a la vida, mientras Claire, quien adolece de la necesidad neurótica de poseer el control, se enfrenta al peor de los escenarios posibles. Justine no tiene nada que perder, y se permite la libertad de un último acto de bondad con Leo y su hermana.

Podríamos aventurar la hipótesis de que en el desenlace de Melancholia hay una inversión del mito de la caverna. En Platón, la condición humana se asemeja a la situación en el interior de la caverna, donde las sombras de lo aparente se convierten en el engaño acerca de lo real. La salida de la caverna representa el acceso a la verdad. En el film, la aterradora verdad del exterior, donde el ser humano se encuentra desprotegido por un entorno hostil, introduce a estos personajes en la caverna, en busca de una protección mágica imposible, en un espacio donde, por obra del autoengaño voluntario, puedan fingir que poseen el control. El dato que nos indica una antítesis de la alegoría platónica es el hecho de que se utilice el término cueva (cave, en la versión original, que puede traducirse también como ‘caverna’) cuando en realidad se trata de una especie de cabaña (cabine). En algún sentido podríamos decir que Melancholia desconstruye la alegoría de la caverna. Las declaraciones del propio Lars sobre el significado de la cueva mágica apuntan en esta dirección al mismo tiempo resultan insatisfactorias a la luz de su potencial como símbolo: el sentido de la cueva mágica, en palabras del director, 'puede tener que ver con la religión'.

No se trata de desdecir aquí al realizador, pero sí podríamos indicar que no hay nada en el símbolo de la cueva mágica que restrinja su sentido al misticismo religioso. La cueva es un constructo, un simulacro para luchar contra la ruptura radical con la trascendencia. La cueva es la metafísica, desenmascarada como mera mentira piadosa, contada para disipar los temores de un niño.

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DATOS DEL AUTOR:

José Luis Boj es Licenciado en Filosofía (2010) con Máster en Formación del Profesorado (2011) por la Universidad de Murcia y posee formación como corrector de textos (2006). En 2010 obtuvo un Accésit de narrativa en el XVIII Certamen Creajoven de la Región de Murcia por la obra Un extraño en el purgatorio. En 2009, la revista digital de filosofía 'Proyecto Arjé' publicó su artículo Historicidio en grado de tentativa: el caso Fukuyama. En 2006 recibió en Murcia una Mención de Honor en el I Concurso de Guiones de Cortometraje 'Cinco Barrios' por el guión La génesis de Euterpe: el origen de una musa, que escribió como coautor. José Luis es, además, autor del blog http://cine-filosofico.blogspot.com.