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María Moliner, la eterna buscadora de palabras
Isabel García Rodríguez
22/06/2004


María Moliner Ruiz nació en Paniza, Zaragoza el 30 de marzo de 1900, en el seno del matrimonio formado por Enrique Moliner Sanz, médico rural, y Matilde Ruiz Lanaja. Un ambiente familiar acomodado, en el que los tres hijos del matrimonio Enrique, María y Matilde, cursaron estudios superiores.

En 1902, según testimonio de la propia María Moliner, se trasladaron a Almazán (Soria) y, casi inmediatamente, a Madrid. En la capital, los pequeños Moliner estudiaron en la Institución Libre de Enseñanza, donde fue, al parecer, don Américo Castro quien suscitó el interés por la expresión lingüística y por la gramática en la pequeña María. Los primeros exámenes de bachillerato los hizo, como alumna libre, en el Instituto General y Técnico Cardenal Cisneros de Madrid (entre 1910 y 1915), pasando en julio de 1915 al Instituto General y Técnico de Zaragoza, del que fue alumna oficial a partir de 1917 y donde concluyó el bachillerato un año más tarde. Pero el panorama de una infancia idílica se rompe cuando su padre abandona a la familia para irse a Argentina lugar del que no volvió más.

Entre 1918 y 1921, María Moliner cursó la Licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad Cesaraugustana, que terminó con sobresaliente y Premio Extraordinario. Y en 1922 ingresó, por oposición, en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y obtuvo como primer destino el Archivo de Simancas. Tras una breve estancia allí, María pasa al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia. Será en esa ciudad donde conocerá al que será su marido, D. Fernando Ramón y Ferrando, catedrático de Física. La pareja contrae matrimonio en la Parroquia de Sagunto, el 5 de agosto de 1925. En esta misma ciudad, nacerán sus dos hijos mayores, Enrique y Fernando.

A principios de los años treinta, la familia se traslada a Valencia, su marido, Fernando da clases en la Facultad de Ciencias; y María, trabaja en el Archivo de la Delegación de Hacienda. Aquí nacen sus dos hijos pequeños, Carmen y Pedro. Además de trabajar, se dedica a las labores de ama de casa. Es una republicana convencida, por lo que colabora en la Escuela Cossío, inspirada claramente en la Institución Libre de Enseñanza. María Moliner enseñó en ella Literatura y Gramática, y, además, formó parte de su Consejo Director, como vocal, y de la Asociación de Amigos para su apoyo, como secretaria.

Asimismo, también prestó su colaboración entusiasta a las Misiones Pedagógicas de la República. María Moliner se cuidó especialmente de la organización de las bibliotecas rurales. De hecho, escribió unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas que se publicaron sin nombre de autor en Valencia, en 1937, que fueron muy apreciadas, tanto en España como en el extranjero.

En esta etapa de su vida ocupó puestos importantes de responsabilidad en el terreno de la organización de las bibliotecas populares. Ya en 1935, en el II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía, que inauguró Ortega y Gasset, ella había presentado una comunicación con el título Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España. En septiembre de 1936 fue llamada por el rector de la Universidad de Valencia, Dr. Puche, para dirigir la Biblioteca universitaria, pero, ya en plena Guerra Civil, a finales de 1937, tuvo que abandonar el puesto para entregarse de lleno a la dirección de la Oficina de Adquisición y Cambio Internacional de Publicaciones y para trabajar como vocal de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico. La capacidad organizativa de María Moliner va a quedar plasmada en las directrices que redacta como Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado, las cuales se publicarán a principios de 1939 -Pilar Faus (La lectura pública en España y el Plan de Bibliotecas de María Moliner, Madrid, Anabad, 1990.)-.
Al término de la Guerra Civil, el conjunto de amigos de los Ramón-Moliner, y ellos mismos, sufren represalias políticas. Bastantes de ellos se exilian. Su marido es suspendido de empleo y sueldo, trasladado después a Murcia (1944-1946) y rehabilitado en Salamanca a partir de 1946 donde permanecerá hasta su jubilación en 1962.

Por su parte, a María la bajan 18 puestos en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios, los cuales recuperará en 1958. En 1946 pasará a dirigir la biblioteca de la E. T. Superior de Ingenieros Industriales de Madrid hasta su jubilación, en 1970. En esta nueva etapa de su vida, particularmente cuando se instala en Madrid, criados ya sus hijos y separada físicamente de su marido una buena parte de la semana, María Moliner encontrará el tiempo para dedicarse a su interés intelectual más profundo: la pasión por las palabras.

Será entonces cuando comience el Diccionario de uso del español, que publicará la Editorial Gredos entre los años 1966 y 1967, en 2 volúmenes. Una obra que ha sido reimpresa veinte veces, editada en CD-ROM en el año 1995 y reeditada en una segunda edición, revisada y aumentada en 1998. Un diccionario que según cuenta su hija, "comenzó un día a las cinco de la mañana, cuando dividió una cuartilla en cuatro partes iguales y se puso a escribir fichas de palabras. Sin más preparativos", y terminó quince años más tarde.

Sencilla y espontánea en sus reacciones, al no ser elegida académica en 1972, María Moliner recibió su jubilación tan discretamente como había vivido, gozando con los pequeños detalles cotidianos y presumiendo con orgullo de sus nietos.
Las notas tristes de sus últimos años fueron la muerte de su marido y su propia y terrible enfermedad, la arteriosclerosis cerebral que la privó de lucidez desde 1975 aproximadamente, hasta su fallecimiento, el 22 de enero de 1981. Pero lo importante es recordar a esta mujer en su plenitud mental, que gracias a su esfuerzo y dedicación, nos ha legado un brillante diccionario.