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OPERA PRIMA: 'Violent cop'
Diego Saucedo Tejado
20/05/2005


SANA ADVERTENCIA.
Antes de leer este artículo, se recomienda haber visualizado previamente la película con atención y devoción. Si no fuera así, el amante de las sorpresas y el suspense me dispararía con su recortada para después colgarme del mástil más alto y lanzarme erizos de mar. Bien es cierto que el que finalmente decide es el lector. El poder es suyo, señoritas. La libertad es suya, caballeros. Ahora que ya conocen el contexto, hagan lo que les plazca.

'VIOLENT COP' (Policía violenta)

Director: Takeshi KITANO
Guión: Hisashi NOZAWA
Productor: Shozo ICHIYAMA, Hisa NABESHIMA y Takio YOSHIDA
Productor ejecutivo: Kazuyoshi Okuyama
Música original: Daisaku Kume
Fotografía: Yasushi Sasakibara
Montaje: Nobutake Kamiya
Interpretes: Takeshi Kitano (Azuma), Shiro Sano (Yoshinari), Malko Kawakami (Akari) Sigueru Hiraizumi (Iwaki).
AÑO: 1989

Ilustración:  Fher

JEFE: ¿Viste lo que pasó?
AZUMA: Si, pasaba por allí
JEFE: ¿Por qué no los detuviste?
AZUMA: No podía hacer nada solo
JEFE: No es propio de un policía ir a casa de un chico y actuar violentamente. Si no fuera tu jefe no me disgustaría pero ya que lo seré durante un año, no quiero que actúes de esa forma. No soy tonto ¿sabes? Conozco bien la situación de la zona y sé el tipo de policía que se necesita aquí. Pero no quiero recibir más quejas.
AZUMA: Procuraré que no vuelva a ocurrir.
JEFE: Espero que podamos entendernos.


Azuma no es un tipo demasiado hablador. Dice sólo lo necesario y hace tiempo que ha dejado de creer en el poder de la palabra. De hecho, consigue lo que quiere a base de repartir guantazos, pescozones y de poner ojos morados. Sus métodos son primitivos, sí, básicos, también, pero contundentes y eficaces. Eso no se le puede negar. 'Violent cop' es una obra impetuosa, cruel, sanguinaria pero también reflexiva y estimulante. Esa violencia latente queda impresa desde la primera secuencia de la película, momento al que el jefe de Azuma se refiere en la conversación: A la luz de la luna, unos críos japoneses apalean a un viejo vagabundo entre risas e insultos. De clara inspiración kubrickiana, el inicio homenajea a otro film por todos conocido. 'La Naranja Mecánica' comparte con 'Violent Cop' el mismo pilar narrativo: a partir de la exposición de la violencia en estado puro cada film recapacita sobre el fenómeno in situ, aunque desde lugares y doctrinas bien distintas.

      

'Violent cop' pudo haber sido una película muy diferente. Concebida a priori como una cinta de acción sin mayores pretensiones, el destino quiso que el director enfermera y que Takeshi Kitano, que había sido contratado sólo como actor, asiera con fuerza las riendas del proyecto, modificándolo tanto como le permitieron. Kitano no era desconocido para el público japonés en 1989. A sus espaldas acarreaba una intensa carrera como actor en shows teatrales y televisivos que le había reportado una gran fama en su país. Todo comenzó cuando Kitano dejó sus estudios de ingeniería para probar suerte en otros campos menos... académicos.

Al inicio de la década de los 70 comenzó a desempeñar en Tokio los oficios más diversos: desde camarero en un club de jazz a mozo de equipajes en el aeropuerto. Incluso durante una breve temporada estuvo haciendo de taxista. Takeshi no tenía aun claro lo que quería hacer en la vida hasta que aceptó un nuevo trabajo: ascensorista en un teatro de variedades llamado France-za. Fue la suerte, el azar, la casualidad - llámenlo como quieran - lo que hizo que encontrara su vocación. En el ascensor se hizo amigo de Kyoshi Kaneko, uno de los dos cómicos de un dúo que arrasaba en aquellos momentos: <<Two Beats>>. En 1973 la pareja de Kaneko enferma y pide a Kitano, su amigo del ascensor, que si por favor le sustituye. El éxito es instantáneo y poco tiempo más tarde el nuevo dúo debuta en televisión. Kitano tuvo que dejar su honrado trabajo de ascensorista y dedicarse por entero al incierto mundo de la farándula. Pasó a ser conocido por los escenarios como 'Beat' Kitano y enseguida empezó a dejar patente su versatilidad como artista: Kitano no es sólo actor, sino que también escribe novelas, poesía, comenta retransmisiones deportivas, presenta concursos populares y se convierte en uno de los cómicos con mayor éxito en Japón de todos los tiempos. ¿Se acuerdan de Humor Amarillo, ese mítico concurso que Telecinco se niega a volver a emitir porque sus programadores son idiotas? El nombre original en Japón era Takeshi-J (El castillo de Takeshi) y fue el mismo Kitano - sonriente y ufano - el que dirigía y presentaba aquel pintoresco festival de ostias a la japonesa. ¡Ay, qué entrañables recuerdos!

Paralelamente a su andadura por la caja tonta, en 1983 debuta en el cine con 'Feliz Navidad Mr Lawrence', en la que interpreta a un sádico y pendenciero sargento. En el año 1989, es contratado para protagonizar Violent Cop pero como señalé antes, el director enferma y Kitano lo sustituye a pesar de no tener experiencia alguna dirigiendo cine sin renunciar a protagonizar la cinta. Aunque no aparece en los créditos como guionista, Takeshi modificó sustancialmente el guión para hacer una película que se ciñera más a sus gustos narrativos y estéticos y se alejara de la comercialidad que el film pretendía en un principio. Puestos de esta manera en antecedentes, buceemos un poco en la peli.

La historia se sustenta en un personaje protagonista excelentemente construido: Azuma es un tipo reservado, callado, y sobre todo malo, muy malo, que no se anda con chiquitas. Cuando ve que un grupo de chavales le da una paliza a un vagabundo, no se corta en ir a la casa de uno de ellos y darle unas patadas en la cara, en las costillas y básicamente donde pille. Al día siguiente, el grupo de chavales acude a la comisaria y otro caso resuelto. Así es Azuma. Sus métodos funcionan aunque no son del todo bien vistos, más viniendo de un agente de la ley. Por eso su jefe le amonesta verbalmente al principio de la película y le pide que deje de ser tan rudo. A Azuma en realidad se la suda lo que diga su jefe, aunque asentirá como un niño bueno. Esa misma mañana, nuestro valiente protagonista conoce a su nuevo compañero: un japonés jovencito y novato llamado Kikouchi. La relación que entre ellos se establece está muy lejana de las convencionales subtramas de aprendizaje o de polos opuestos, como la pegajosa Arma Letal y deleznables secuelas. Kikouchi representa los límites que Azuma ha rebasado desde hace tiempo. El primero es todo inocencia mientras que el segundo es un perro viejo demasiado experimentado. Azuma es un tipo duro que sabe donde golpear para hacer daño. Sin embargo, como todo superhéroe tiene su debilidad, encarnada por su hermana disminuida mental, a la que trata como a una hija en el sentido más protector de la palabra. Una de las secuencias más hilarantes de la película es cuando Azuma descubre a su hermana con un joven en la cama. El chico, en un nervioso pies para qué os quiero, se viste rápidamente e intenta abandonar la casa. Cortésmente, Azuma le acompañará hasta la puerta y allí, sin previo aviso, le dará un puntapié al chico haciéndolo caer por las escaleras. El viaje hasta la parada de autobús será un auténtico infierno para el joven. Azuma no dejará de atemorizarlo y preguntarle cosas mientras le da collejas y patadas en los tobillos. Al final, terminará por imponer al acongojado chico que debe casarse con su hermana. El joven no sabrá qué responder y Azuma le propinará mas collejas y patadas hasta tirarlo al suelo. Fin de la cuestión. El chico no volverá a acercarse nunca más a ningún miembro de su familia.

El conflicto del personaje de Azuma vendrá marcado por su enfrentamiento con los yakuza, unas poderosas mafias japonesas que controlan la zona y que tienen a sueldo a la mitad de la plantilla de la policía. De momento, eso Azuma no lo sabe y se dedica a combatir el mal como sólo él sabe hacer. La dilatada secuencia de la persecución por la ciudad es de lo mejor de la película. Azuma acabará atropellando al sospechoso dos veces y golpeando a su compañero, Kikouchi, en las costillas cuando se lanza a proteger al sospechoso atropellado. En beneficio de Azuma, he de decir que antes el sospechoso había reventado la cabeza de un policía con un bate de beisbol en uno de los momentos más elegantes del metraje.

Azuma será reprendido una vez más por sus métodos, pero por un oído le entra y por otro le sale. Se va con su compañero a investigar a una discoteca y descubre a un yakuza vendiendo droga a los clientes en el baño. El particular interrogatorio no tiene desperdicio: un plano fijo de 35 bofetadas - las he contado - hasta que el yakuzaa confiesa quien le pasa la droga: un alto cargo del departamento de policía. Azuma lo deja inconsciente de un puñetazo y abandona el local.

Como en una partida de ajedrez, cada acción sangrienta tiene su consecuencia. El yakuza llamará a su jefe, Iwaki, y le confesará que ha rebelado su nombre a Azuma. Iwaki contrata a otro yakuza para matar al yakuza soplón y al propio Azuma. Por si fuera poco, los secuaces del nuevo yakuza secuestran a la hermana de Azuma y la drogan y violan repetidamente. A partir de este momento comienza el camino solitario y tortuoso del personaje, que se desliga de su compañero y del propio departamento de policía, más que nada porque es expulsado por sus métodos tras un nuevo altercado. En un momento de la película, sale a relucir la propia inseguridad del personaje con respecto al barrio donde vive. Cuando le preguntan que porqué se hizo policía, él contesta: 'para llevar pistola'. Una vez que es echado del cuerpo se ve privado de ella y el yakuza que quiere matarlo intentará aprovechar el momento.

La película irradia crueldad y violencia por todos sus poros. También conceptos como el honor, el deshonor, el respeto, la soledad, la venganza, la justicia cósmica, la poca afición a los diálogos, son referentes que se han hecho propios del cine asiático actual y que se conjugan de manera formidable en la película. Azuma estará a punto de morir, cuando a traición, el temible yakuza intenta apuñalarle. Sin embargo, el ahora ex policía agarra el cuchillo por el filo y provoca que el yakuza huya. Con un tajo en la mano y la ropa llena de sangre, Azuma se enfrentará de nuevo al yakuza, que otra vez fracasará en su intento de asesinarlo.

Ha llegado el momento de mover pieza. Azuma lo tiene claro. Consigue una pistola, va al despacho del policía corrupto Iwaki, el jefe del yakuza y directamente le pega un tiro en la cabeza. El ayudante del policía asiste a la escena sin poder hacer nada y Azuma se larga del despacho dejándolo vivito y coleando. Azuma no es un tipo tan malo. Su siguiente objetivo es el yakuza que intentó asesinarlo que se resguarda junto con sus tres secuaces y la hermana del policía, que se ha hecho adicta a la heroína.

En el bando de los malos, se produce un conato de sublevación entre los secuaces del yakuza. Resultan ser unos pardillos y todos acaban muertos en menos de dos minutos. El climax se acerca y el desenlace se presiente aunque sin esperarlo. El asunto se resuelve en muy poco tiempo. El yakuza desde el suelo vacía todos sus cartuchos contra Azuma, que sigue andando inmune a la lluvia de balas. Un par de ellas impactan contra su cuerpo, pero él no siente nada, sólo venganza. De tres disparos Azuma acaba con la vida del joven yakuza y detrás del cadáver aparece su hermana, medio desnuda y buscando droga en los bolsillos del muerto. A los ojos de Azuma, la chica ha sido deshonrada y encima ahora es drogadicta. Como tiene la pistola en la mano, le acaba pegando un disparo en la cabeza y problema de honor resuelto. Se da la vuelta y se dirige a la salida del cobertizo. Una mano anónima sale de las sombras y dispara sobre Azuma que cae al suelo en la penumbra del almacén. Una haz de luz ilumina de repente el cuerpo sin vida de Azuma y enseguida vuelve a apagarse. No ha quedado ni el apuntador. Sólo Kikouchi, el patoso compañero de Azuma, que será el encargado de proseguir el trabajo de Iwaki, el difunto policía corrupto.

No se cuantas veces habré escrito la palabra 'yakuza' en el párrafo anterior. Me ha llamado la atención porque el word no deja de subrayármelo en rojo como si no existieran. Y los yakuzas existen y es uno de los referentes que más se repiten en la filmografía de Kitano. Ya sea para temerlos, para encumbrarlos o para mofarse de ellos. En realidad, el origen de los yakuza se remonta al siglo XVI y se trataban de unos guerreros apodados 'los locos' que encarnaban el lado oscuro de los samurais sembrando el terror en la población. Aquello evolucionó hasta el siglo XX y durante los años 20, con la depresión económica, se producen sentimientos anti-occidentales en Japón que facilitan la formación de organizaciones tradicionalistas para los luchar contra el orden extranjero desde los negocios legales e ilegales. Fuentes policiales calculan que hoy existen 24 clanes Yakuza y que agrupan a 24.000 delincuentes. Sus negocios mueven 1,5 billones de pesetas al año y en los últimos años se viene produciendo una expansión de la mafia japonesa hacia otros países como EEUU. Para Takeshi Kitano, un yakuza no es lo mismo que un mafioso: 'La diferencia con los gangsters es que los yakuzas, aunque peligrosos forman parte de la vida cotidiana. En cierto sentido imparten las reglas y a veces hasta el orden, actuando como si fueran policías'.

Puede que el título de la película, 'Violent Cop', nos lleve a engaños. La violencia es tratada desde miras más abiertas y con un significado implícito en cada patada. Se producen diferencias a la hora de tratar escenas: mientras que algunas de ellas ni siquiera se muestran explicitamente, otras son caricaturizadas y las más vitales tratadas con todas su crudeza. Aunque pueda llamar la atención, Kitano afirma que odia profundamente la violencia pero que la refleja en sus películas porque es una realidad muy presente en su país; 'Un cineasta japonés que hoy quiere hablar de la vida y la muerte, no tiene más que dos posibilidades: mostrar policías y mostrar yakuzas, y en ambos casos hay violencia de por medio'. Sin embargo, el resto de su filmografía nos ha enseñado que si que hay una tercera posibilidad y si no échenle un vistazo a 'Dolls' y saquen sus conclusiones.

La banda sonora de la película, compuesta por Daisaku Kume, se vuelve palpablemente reconocible, melancólica y al compás de los trazos estilísticos del autor japonés. El lenguaje cinematográfico utilizado por Kitano durante toda su obra resulta singular, digno de ser analizado, y que ya en su ópera prima comenzaba a despuntar. La tensión y el suspense quedan bien administrados, porque el autor sabe como llevar la batuta y dirigir el ritmo de su historia. La incomunicación entre personajes, la aparente calma, las escenas cargadas de inmovilidad, los repentinos estallidos de violencia, la forma de utilizar inteligentemente la elipsis, la mezcla explosiva entre el lirismo y la crueldad nos hace emocionarnos, alterarnos, revolvernos en el sillón sin poder apartar la vista de la pantalla. En relación con su uso tan particular de la elipsis respondió en una entrevista lo siguiente: 'Nunca me ha gustado mostrar las cosas de una manera demasiado directa o sentimental. Para tomar distancia me pongo a cortar. Es más bien una cuestión de pudor'. También afirma que no posee ninguna intención formalista y que cada uno de sus trabajos lo aborda de manera independiente.

Después de 'Violent Cop', entre 1990 y 1993 Takeshi Kitano dirigió películas de la talla de 'Boiling Point' o 'Sonatine' entre otras. En 1995 estrena 'Getting any?', que será su primera comedia. El 2 de agosto de ese mismo año, después de haberse tomado unas copas se estrella con su moto contra un poste de teléfonos. Las consecuencias son graves: severas cicatrices, cojera y la parte derecha del rostro paralizada. Sin embargo, hay muchos críticos que ven en aquella fatídica noche un punto de inflexión entre el artista y el genio. Después del accidente, Kitano deja la bebida y se interesa por la pintura, la ciencia y la música. Durante años, Japón pensó que estaba acabado pero cuando menos lo esperaron resurgió como más fuerza que nunca. Fue a partir de este momento cuando sus películas se comercializaron masivamente fuera de las fronteras japonesas y Kitano logró atesorar fama mundial. En 1997 con la fantástica Hana-Bi ganó el premio de la Academia Europea y el Leon de Oro en Venecia. De su amor por la pintura nació la maravillosa 'Dolls' y de su admiración por las artes marciales, su última película que también protagoniza: 'Zatoichi'.

Takeshi Kitano es uno de los iconos del cine oriental contemporáneo entre otras cosas por la sencillez y singularidad de sus ideas. Cuando le preguntan por sus influencias conscientes está expresando su modo de concebir la vida: 'Voy poco al cine porque no quiero ser influido y cada vez que ruedo una escena tópica, un tiroteo o una pelea, cosas filmadas ya mil veces, me propongo como sea filmar un punto de vista original'. Al contrario que sus personajes, el genio de Takeshi permanece inmune a los golpes y sólo puede seguir expandiéndose más y mejor.

    

         RESTO DE FILMOGRAFÍA

  • 1990 'Boiling Point' 
  • 1991 'Escenas frente al mar'
  • 1993 'Sonatine'
  • 1995'Getting Any?'
  • 1996'Kids Return'
  • 1997 'Hana-Bi' (Flores de fuego)
  • 1999 'El verano de Kikujiro' 
  • 2000 'Brother'
  • 2002 'Dolls'
  • 2003 'Zatoichi'