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NOVEDADES BIBLIO
GRÁFICAS

EL BEBÉ VERDE. Infancia, transexualidad y héroes del pop
Roberta Marrero, Lunwerg editores, Barcelona, noviembre, 2016

“No nací hombre ni mujer. Nací bebé. Necesito tiempo para saber quién soy.” Así empieza esta autobiografía ilustrada de Roberta Marrero: la historia real de una niña que nace en el cuerpo de un niño y de su camino hacia el autodescubrimiento y la afirmación de su propia identidad.
Este es un libro diferente a todos, por la forma y por el fondo. Nació como el proyecto de un taller creativo en la que Roberta Marrero (artista multifacética, cantante y actriz) se decidió a romper tabúes para hablar de sí misma, de su propio nacimiento. Decidió entonces contar la historia de la difícil infancia de un niño que sabía que era una niña encerrada en un cuerpo masculino. Era su forma de aportar su granito de arena a la lucha de un colectivo, de abandonar la marginalidad con la que se asocia a las personas trans, y a colaborar de esta forma a educar a la gente.
Así es como plantea Roberta Marrero esta novela gráfica llena de nombres, de letras de canciones de citas, de historias personales y de otras no tan personales pero que marcaron su transición, su aceptación y su proyección como artista. Por aquí desfilan, con su especial estética y en forma de cuaderno casi infantil, personajes como su tía Nina, la sepulturera, o su prima Nini, de corazón generoso; aquí están también sus padres y sus hermanos; está Susi, la chica que solo quería alguien con quien pasear de la mano y que terminó tirándose por un puente. Están también sus ídolos del pop de los ochenta a los que convirtió en dioses, empezando por Boy George cuyos ojos maquillados surgiendo un día en la televisión a principios de los ochenta transformaron su vida. “Nunca había visto a una persona así. Fue entonces cuando entendí que había otras formas de ser”.
Y para hablar de todo esto y sobre todo de su infancia, ha escogido al bebé que fue, y que según le contaron, nació verde por los fluidos ingeridos en el útero materno. Es el bebé verde quien relata las luces y las sombras de la transexualidad, la hostilidad y la incomprensión a las que tuvo que enfrentarse hasta convertirse en la artista segura y triunfadora que es hoy.
Desde la infancia hasta la adolescencia vamos conociendo el mundo interior de este personaje “extraterrestre”, el bebé verde, que crece viendo negada constantemente su propia imagen, su alma, su personalidad, su yo más auténtico. ¿Cómo se sobrevive en un entorno tan hostil? No olvidando que “siempre tienes que ser tú misma, no importa el precio. Es la forma más alta de moralidad”.
Un libro dedicado a todos los que sienten que no hay un lugar en el mundo para ellos; a todos los niños que se sienten atrapados en un cuerpo que no sienten como el que les correspondería tener.


En el Requeté de Olite
Mikel Azurmendi, Editorial Almuzara, Córdoba, noviembre, 2016

Mikel Azurmendi, en esta obra pone voz a los requetés de Olite que salieron a reclamar el derecho a mantener sus modos de vida tradicionales, proscritos y solapados por otros nuevos que les fueron impuestos. Aquellos navarros asumieron que no era posible defenderlos sino a costa de una guerra civil. Fueron individuos a los que las circunstancias históricas situarían en dos bandos antagónicos. El autor aborda sus conversaciones y motivaciones durante la rebelión armada siguiéndola en sus dos meses iniciales, que los llevaron de Pamplona a la toma de San Sebastián.
El hilo narrativo es la crónica bélica de esos dos primeros meses de contienda, tal y como Azurmendi la ha recogido de diferentes partes de guerra, así como de numerosos diarios y apuntes de los propios protagonistas. Su trama de ficción la conduce un adolescente que huye de casa para enrolarse furtivamente en ese Tercio de Olite, al amparo de un viejo requeté. En ese muchacho se da una toma de conciencia paulatina de la crueldad del conflicto. Ese entramado sentimental -que un joven saliera a la guerra a buscar a su hermano menor, fugado de casa- fue no obstante un hecho que se prodigó entre los requetés, y que el autor ha tomado del caso concreto de aquel muchacho en fuga llamado Ignacio Hernando de Larramendi. Entender lo que realmente pasó es esencial para hacernos con la verdad, pero también para tener esperanza en un futuro compartido.


Eso no estaba en mi libro de historia del Antiguo Egipto
José Miguel Parra, Editorial Almuzara, Córdoba, octubre, 2016

Que el lugar ideal para tener sexo en el Antiguo Egipto era el jardín y no la cama, que los trabajadores del valle del Nilo tenían una especie de Seguridad Social, que la maldición de Tutakhamón es falsa y que Nefertiti era una reina de belleza imaginaria, son afirmaciones contrastadas por el egiptólogo, José Miguel Parra, y que se pueden leer en este libro.
La novela tiene clara vocación divulgativa, pretende contar aspectos concretos, curiosos o poco conocidos de la cultura del antiguo Egipto, y poner en valor hechos de cierta importancia que apenas si ocupan sitio en los libros de historia, y en el peor de los casos, se omiten, pero que pueden ser esclarecedores para comprender la intrahistoria de una de la primeras civilizaciones.
Hechos contrastados y a la vez tan dispersos y esclarecedores como el descubrimiento del “tabaquismo” que sufría faraón Ramsés II; el desconocimiento por parte de los egipcios del manido número Pi y de la sección aurea para explicar las dimensiones de las pirámides; o el de la igualdad legal que gozaban las mujeres con respecto a los hombres – ellas eran las que solían ligar-, irán apareciendo en cada capítulo, que unidos en este singular libro conformarán un nuevo imaginario en el lector sobre la verdadera realidad del Antiguo Egipto.
En definitiva, desmitificar los numerosos enigmas, explicar el día a día de una excavación arqueológica, mostrar las posturas sexuales favoritas de los egipcios, esclarecer el misterio cámaras ocultas de las pirámides y adentrarse hasta la cocina de la casa de un egipcio y contar cómo discurría su vida desde que va al cuarto de baño hasta que se acuesta, serán, entre otros, los capítulos que conforman este divertido libro, no por ello carente de base científica, y que harán cambiar, en algunos casos, nuestra percepción de una civilización que ya apostaba por combatir la violencia de género.


Falcó
Arturo Pérez-Reverte, Editorial Alfaguara, Barcelona, octubre, 2016.

Lorenzo Falcó es el protagonista absoluto de esta historia, un excontrabandista y espía que trabaja para los servicios de inteligencia en la España de los años treinta y cuarenta. Una época convulsa, una Europa desquiciada y a punto de desmoronarse y un personaje que lo tiene todo para que queramos seguir sus aventuras.
Nos trasladamos a 1936, un momento en el que la historia de España está a punto de cambiar y Falcó recibe una misión tan importante como difícil. Acompañado por los hermanos Eva y Montero Rengel, Lorenzo Falcó se enfrentará a una intriga llena de secretos y traiciones en la que, como buena novela de espías, nada es lo que parece en un principio.


1. Trenes nocturnos

La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase. Era la suya una conversación banal, intrascendente: la temporada en Biarritz, la última película de Clark Gable y Joan Crawford. La guerra de España apenas la había mencionado de pasada en un par de ocasiones. Lorenzo Falcó la escuchaba con un cigarrillo a medio consumir entre los dedos, una pierna cruzada sobre la otra, procurando no aplastar demasiado la raya del pantalón de franela. La mujer estaba sentada junto a la ventanilla, al otro lado de la cual desfilaba la noche, y Falcó se hallaba en el extremo opuesto, junto a la puerta que daba al pasillo del vagón. Estaban solos en el departamento.

—Era Jean Harlow —dijo Falcó.

—¿Perdón?

—Harlow. Jean... La de Mares de China, con Gable.

—Oh.

La mujer lo miró sin pestañear tres segundos más de lo usual. Todas las mujeres le concedían a Falcó al menos esos tres segundos. Él aún la estudió unos instantes, apreciando las medias de seda con costura, los zapatos de buena calidad, el sombrero y el bolso en el asiento contiguo, el vestido elegante de Vionnet que contrastaba un poco, a ojos de un buen observador —y él lo era— con el físico vagamente vulgar de la mujer. La afectación era también un indicio revelador. Ella había abierto el bolso y se retocaba labios y cejas, aparentando unos modales y educación de los que en realidad carecía. La suya era una cobertura razonable, concluyó Falcó. Elaborada. Pero distaba mucho de ser perfecta.

—¿Y usted, también viaja hasta Barcelona? —preguntó ella.

—Sí.

—¿A pesar de la guerra?

—Soy hombre de negocios. La guerra dificulta unos y facilita otros.

Una fugaz sombra de desprecio, reprimida en el acto, veló los ojos de la mujer.

—Entiendo.

Tres vagones más adelante, la locomotora emitió un largo silbido, y el traqueteo de los bogies se intensificó cuando el expreso entró en una curva prolongada. Falcó miró el Patek Philippe en su muñeca izquierda. Faltaba un cuarto de hora para que el tren parase cinco minutos en la estación de Narbonne.

—Disculpe —dijo.

Apagó el cigarrillo en el cenicero del brazo de su asiento y se puso en pie, alisando los faldones de la chaqueta tras ajustarse el nudo de la corbata. Apenas dedicó un vistazo al baqueteado maletín de piel de cerdo que estaba con el sombrero y la gabardina en la red portaequipajes, sobre su cabeza. No había nada dentro, excepto unos libros viejos para darle algo de peso aparente. Lo necesario —pasaporte, cartera con dinero francés, alemán y suizo, un tubo de cafiaspirinas, pitillera de carey, encendedor de plata y una pistola Browning de calibre 9 mm con seis balas en el cargador— lo portaba encima. Llevarse el sombrero podría despertar las sospechas de la mujer, así que se limitó a coger la gabardina, dirigiendo un apesadumbrado y silencioso adiós al impecable Trilby de fieltro castaño.

—Con su permiso —añadió, abriendo la puerta corredera.


Tres días y una vida
Pierre Lemaitre, Editorial Salamandra, Barcelona, septiembre, 2016.

Pierre Lemaitre retrata con mano maestra la trayectoria vital de un adolescente que, en un fugaz e impremeditado arranque de ira, se ve envuelto en un crimen y debe cargar con el horror y la culpa el resto de su vida. El relato, dividido en tres momentos espaciados en el tiempo, 1999, 2011 y 2015, es una invitación a acompañar el fascinante proceso de formación de la psique de Antoine Courtin, durante el cual se vislumbra el lacerante destino de una persona que, paradójicamente, ha sido víctima de su propia culpabilidad.
Todo comienza en Beauval, un pequeño pueblo enclavado en una región cubierta de bosques, donde la apacibilidad y belleza del lugar son el contrapunto perfecto a la sucesión de acontecimientos que conforman la trama. Al complejo microcosmos de sus habitantes, no exentos de hipocresía y cinismo, se añaden los ambiguos gestos, los comentarios maliciosos, la maldad y la insidia parapetadas detrás de las buenas intenciones, elementos todos ellos determinantes en la gestación y desenlace de la apasionante historia de Antoine.
La novela logra combinar una historia de suspense, donde la tensión no decae en ningún momento, con la riqueza de una prosa que nos sumerge en un mundo de emociones soterradas y nos invita a reflexionar sobre la cara más sombría de la condición humana. En cualquier caso, al final del libro quizá no nos sintamos más sabios, pero sí más conscientes de la dificultad de llevar una vida honesta, gratificante y en paz con uno mismo.


La Fuente Clara
David Bosc, Editorial Demipage, Madrid, mayo, 2016.

En 1873, el pintor Gustave Courbet fue acusado de ser el responsable de la demolición de la columna Vendôme, a raíz de su participación activa en la Comuna de París. Para evitar volver a la cárcel, se refugia los últimos años de su vida en un pueblo a orillas del Lago Leman, en Suiza. Este libro rinde un homenaje sobrio a la etapa final de este inmenso artista, gran amante de la libertad, anarquista gobernado por sus pasiones y su sed de vida. Courbet merecía esta mirada certera, admirable desde cualquier punto de vista literario. Con esta biografía novelada, Bosc transfigura el crepúsculo punzante de aquellos últimos días en una luminosa puesta de sol. Un bello encuentro entre un escritor y un pintor.
Nos acerca a un Courbet cuyo máximo placer era bañarse «en cualquier corriente, arroyo, río o lago que no fueran alcanzados por el hielo o la sequía». Bosc hace que resurjan todos los matices de este hombre singular, con su barrigón y su barba de leñador, a quien le gustaba reír y hacer reír, opinando de todo, sin dejar su libertad. Amante de la carne y con las venas llenas de sangre, sensual, continuamente maravillado por la alegría de vivir, posaba sobre la naturaleza «una mirada certera, a la altura de la existencia, sin escamotear ni cielo ni tierra».


El hombre inacabado
Manuel Calderón, Editorial Berenice, Córdoba, mayo, 2016

¿Se puede ser uno de los artistas más importantes de su tiempo y, a la vez, un asesino? Tras una personalidad sofisticada y genial, tras el gusto por una vida suntuosa y llena de placeres estéticos, se esconde un hombre vulgar, alguien educado en la penuria y el desarraigo, perseguido por su pasado.
Supo imponer el magisterio de su obra, gracias a una inmoralidad sin límites y a sus cómicas dotes de manipulación, a una sociedad que prefería el arte a la verdad, la belleza a la justicia. Pero su incuestionable prestigio emprendió el camino hacia la ruina cuando reapareció en su vida la mujer a la que abandonó en su juventud, tan triste y pobre como él; la única persona que podía revelar su verdadera identidad. Su insolencia acabó traicionándole. Señalado por un prestigioso crítico de arte y por un estudioso marginal, el tribunal que le juzgue por asesinato se convertirá en algo más que un ágora judicial... será un debate sobre el arte y la muerte.
Es una novela que traza un amplio recorrido espectral por las luces y sombras del agitado siglo pasado en un libro plagado de emotivas situaciones y fascinantes protagonistas. Una intrincada historia en la que se esconde un hombre vulgar, educado en la penuria, el desarraigo y perseguido por su pasado, que supo imponer el magisterio de su obra gracias a una inmoralidad sin límites y a sus cómicas dotes de manipulación a una sociedad que prefería el arte a la verdad y la belleza a la justicia.


El cazador de historias
Eduardo Galeano, editorial Siglo XXI, Madrid, abril, 2016.

Este libro devela al narrador que acecha detrás de todos los relatos. Y así, aunque siempre fue reticente a hablar de sí mismo, Galeano cierra esta obra con un puñado de bellas y poderosas historias que sorprenden tanto porque ofrecen pistas de su biografía, como porque expresan sus ideas sobre la muerte. Lejos de cualquier lamento, con el puro impulso de la curiosidad y la imaginación, se pregunta cómo será el final, qué deseos, afectos o necesidades aparecerán entonces.
En esta obra, que terminó un año antes de morir, Eduardo Galeano sale a cazar en esa jungla para mostrarnos con crudeza, con humor, con ternura, el mundo en que vivimos, desnudando ciertas realidades que, pese a estar al alcance de la mano, no todos llegan a ver. El autor uruguayo dejó este libro a modo de testamento literario, donde incluyó un puñado de textos autorreferenciales y más de 200 microficciones inéditas que incluyen personajes como el dios Tezcatlipoca, el cero maya, los conquistadores, la mitología griega, el infierno, la guerra, la muerte, la dictadura y la poesía, por mencionar algunos.
Se divide en cuatro secciones: Molinos de tiempo, Los cuentos cuentan, Prontuario y Quise, quiero, quisiera, donde Galeano explora la microficción, la fábula, el tablero de divagaciones y la memoria. Algo excepcional de este libro es que contiene tres secciones autorreferenciales, donde cuenta historias de sus primeros viajes por América Latina, viajes iniciáticos que lo marcaron el resto de su vida, como su relación con Juan Carlos Onetti, historias que se generaron a partir de sus relatos y un poema de despedida.

Huellas

El viento borra las huellas de las gaviotas. Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos. El sol borra las huellas del tiempo. Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor que no se ven, pero no se borran.


Ensayo y error (Una autobiografía)
Mikel Azurmendi, Editorial Almuzara, Córdoba, marzo, 2016.

Se trata de un libro autobiográfico en el que se desarrollan una serie de claves que han llevado a otros a considerar la propia existencia del autor como la de un proscrito, y, a él mismo, a pensarse avergonzado por la tajadura radical de su ideario.
Según cuenta en este ensayo, la práctica de la escritura le condujo hacia la humildad y la búsqueda de iconos para dibujar la raya moral de sus acciones desde una primera juventud, y dada que su relación con lo vasco fue determinante, Azurmendi muestra en este libro autobiográfico la naturaleza y causas de por qué miles de vascos no nacionalistas tuvieron que marcharse de su tierra por causas de intolerancia.
Asimismo, en su faceta de escritor euscaldún, Mike Azurmendi, reflexiona en este volumen sobre el malintencionado mutismo por parte de los nacionalistas sobre su obra, sin renunciar también a la crítica perversa que intenta liquidar su larga reflexión con trazos gruesos y maliciosos de españolismo.
Con este escrito Azurmendi, ntenta hilvanar piezas para mostrar una vida. Y además reflexiona sobre qué significa el hecho de haber vaciado la memoria de una vida ante los lectores. Las cuatro partes de este ensayo son muy próximas y constituyen, en todo caso, un ensayo de autobiografía.

1

Vascos Comunicantes

Mucho de mi vida se me la han llevado los vascos y eso ha sido muy frustrante para mí. Es lo primero que se me ocurre escribir cuando tropiezo de manos a boca con mi vida. Parte de ella la he vivido fuera de mi tierra: más de nueve años en Francia, casi dos en Alemania, entre América y África se me fueron también dos y he residido casi un año en Madrid y cuatro en Almería. Lugares del mundo donde he reflexionado y escrito sobre la democracia, la inmigración, el colonialismo y el multiculturalismo. Sin embargo, presiento que casi toda mi vida de pensar se me la han llevado los vascos. Me resiento de ello, claro está. Ocho años de juventud en el exilio bajo Franco y otros ocho cuando ETA me metió miedo en el cuerpo y, sexagenario en ciernes, hube de dejar familia y casa, se debieron a que yo pensaba, decía y hacía con los ojos abiertos a lo que pasaba en mi tierra. Sí, los vascos han cebado el candil de mi pensamiento robándome otra luz posible. Pero no puedo reclamar que encierren a los ladrones, no se trata de un robo. Se trata más bien de una enfermedad, un padecimiento en la libertad de pensar sobre el mundo en que se asienta uno. Un mal no exactamente hereditario sino trasmitido entre los vascos por el virus de la identidad colectiva. Una infección patriótica, que el desquite tribal puede volver letal a quien se le resista.


Relatos tempranos
Truman Capote, Editorial Anagrama, Barcelona, marzo, 2016.

Los catorce relatos de los que consta este libro son las primeras tentativas literarias de quien se convertiría poco después en uno de los grandes narradores del siglo XX. Textos de su adolescencia y primera juventud, desde los relatos que vieron la luz en la revista del instituto en el que estudiaba hasta los ya ambientados en Nueva York, donde se instaló con la determinación de triunfar como escritor.
Los manuscritos de estas catorce piezas se han rescatado de entre los documentos del Archivo Truman Capote depositado en la Biblioteca Pública de Nueva York. Los originales, con las correcciones manuscritas del autor, muestran ya su obsesión por conseguir ese estilo tan característico, esa prosa limpia y precisa, vigorosa y liviana al mismo tiempo. Además, permiten descubrir la construcción de un universo literario propio, y una empatía precoz hacia personajes de un modo u otro marginales, en cualquier caso distintos, según los cánones de la época. Y así, aparecen en estas páginas una chica que espera la llegada de su amor en una pequeña población sureña, dos señoras de mediana edad que elucubran sobre el arte de asesinar maridos, un condenado en fuga, dos chicos perdidos en una zona pantanosa, un niño que recibe como ansiado regalo un perro, una anciana solitaria e incomprendida, una mujer negra del Sur que viaja a Nueva York para trabajar como cocinera, una muchacha que parece tenerlo todo y a la que un gesto motivado por los celos le transformará la vida...todos ellos espléndidamente matizados.

LA SEÑORITA BELLE RANKIN

Cuando vi por primera vez a la señorita Belle Rankin yo tenía ocho años. Fue un día caluroso de agosto. El sol declinaba ya en el cielo veteado de escarlata, y el calor se alzaba de la tierra seco y vibrante.
Yo estaba sentado en los escalones del porche delantero, viendo acercarse a una mujer negra, y preguntándome cómo podía llevar un bulto de la colada tan enorme encima de la cabeza. Se detuvo y, en respuesta a mi saludo, se echó a reír, con aquella oscura, arrastrada risa de negro. Fue entonces cuando vi que la señorita Belle venía despacio por la otra acera. La lavandera la vio y, como si se hubiera llevado un susto, dejó a medias la frase y siguió apresuradamente su camino.
Me quedé mirando fijamente a aquella desconocida que se acercaba por la acera de enfrente y que había sido capaz de hacer que la lavandera actuara de un modo tan extraño. Era una mujer menuda, toda vestida de un negro veteado y polvoriento, increíblemente vieja y arrugada. Le surcaban la frente unas finas hebras de pelo gris, húmedo de sudor.
Caminaba con la cabeza agachada y la mirada fija en la acera sin pavimentar, casi como si buscara algo que hubiera perdido. Un viejo sabueso negro y marrón iba a su espalda, siguiendo erráticamente los pasos de su ama.
A partir de entonces la vi muchas veces, pero aquella primera visión, casi de ensueño, será siempre la más clara: la señorita Belle caminando sin hacer ruido por la acera de enfrente, levantando pequeñas nubes de polvo rojo mientras desaparece en el crepúsculo.
Años después estaba sentado en el drugstore de la esquina, del señor Joab, tomándome uno de los batidos de su especialidad. Yo estaba a un extremo de la barra, y al otro había dos holgazanes habituales bien conocidos en el pueblo y un desconocido…


El regreso del catón
Matilde Asensi, Editorial Planeta, Barcelona, octubre, 2015.

Los protagonistas de El último Catón, Ottavia Salina y Farag Boswell, tendrán que averiguar poniendo de nuevo sus vidas en peligro, qué pueden tener en común la Ruta de la Seda, las alcantarillas de Estambul, Marco Polo, Mongolia y Tierra Santapara, resolver un misterio que arranca en el siglo I de nuestra era.
En esta segunda parte del tan exitoso libro, el lector descubrirá que aquella monja, que al final de la novela vive un idilio paradisiaco con el profesor, ya no es monja, aunque sigue muy pendiente de sus creencias. Ahora Ottavia Salina y Farag Boswell se han casado. Son los protagonistas, pero también tendrá importancia Kaspar, el antiguo capitán de la Guardia Suiza del Vaticano, que se ha convertido en el nuevo Catón. La búsqueda del cuerpo de Cristo, impulsada por unos millonarios canadienses, será lo que desencadene una peligrosa aventura, que se mueve por los paisajes de Mongolia, Estambul, la China de la Ruta de la Seda, Roma y el Monte Orón, en Galilea .
Escrita con rigor, con un ritmo que mantiene en vilo a los lectores página a página y capítulo a capítulo hasta el final, El regreso del Catón es una combinación magistral de aventura e historia con la que Matilde Asensi nos atrapa de nuevo para no dejarnos escapar hasta la última palabra.

Capítulo 1

Como es bien sabido, la historia la escriben los vencedores y los vencedores, con el tiempo, adquieren el poder de obligarnos a creer lo que escribieron, de hacernos olvidar lo que no se escribió y de inducirnos a tener miedo de lo que jamás ocurrió. Todo para seguir ostentando el poder, sea poder religioso, poder político o poder económico. Da igual. A ellos, a los vencedores, deja de importarles la verdad y a nosotros, la gente, también. A partir de ese momento el pasado lo reescribimos entre todos, haciéndonos cómplices de aquellos que nos engañaron, nos asustaron y nos dominaron. Pero la historia no es inamovible, la historia no está escrita en piedra, no tiene una única versión ni una única interpretación aunque así nos lo hagan creer y, lo que es aún peor, aunque así nos lo hagan defender con nuestras vidas, nuestro fervor o nuestro dinero. De este modo aparecen las ortodoxias, las grandes verdades, pero también las guerras, los enfrentamientos y las divisiones. Y ahí es cuando nos han ganado para siempre. Sin embargo, a poco que nos armemos de valor, demos un paso atrás y, como ejercicio, miremos el mundo desde puntos de vista diferentes al nuestro, descubriremos y aprenderemos la más importante de las lecciones: la incertidumbre. La verdad os hará libres, dijo Jesús. Sí, pero la verdad la escriben los vencedores, así que, para ser realmente libres sólo tenemos la incertidumbre, la desconfianza y la duda. Y también un pequeño truco que a mí me costó mucho tiempo aprender: tener siempre muy presente que las herejías —de cualquier clase, no sólo religiosas— son tan ciertas como las ortodoxias y que, además, nunca intentaron imponerse por la fuerza o vencer por el miedo. Por eso perdieron.


Lo que no te mata te hace más fuerte
David Lagercrantz, Destino, Barcelona, agosto, 2015

Lisbeth Salander está inquieta. Ha participado en un ataque hacker sin razón aparente y está asumiendo riesgos que normalmente evitaría. Mientras, la revista Millennium ha cambiado de propietarios. Quienes le critican, insisten en que Mikael Blomkvist ya es historia.
Una noche, Blomkvist recibe la llamada del profesor Frans Balder, un eminente investigador especializado en Inteligencia Artificial quien afirma tener en su poder información vital para el servicio de inteligencia norteamericano. Su as en la manga es una joven rebelde, un bicho raro que se parece mucho a alguien a quien Blomkvist conoce demasiado bien.
Mikael siente que esa puede ser la exclusiva que él y Millennium tanto necesitan, pero Lisbeth Salander, como siempre, tiene sus propios planes.
En Lo que no te mata te hace más fuerte, la singular pareja vuelven a cruzar sus caminos. Vuelve Lisbeth Salander. Millennium continúa.


Capítulo 9

Noche del 20 al 21 de noviembre

[...]

La alarma sonó a la 01.18 y Frans Balder se despertó sobresaltado. ¿Había alguien dentro de la casa? Sintió un terror inexplicable y estiró el brazo: August estaba a su lado. Como ya era habitual, el chico debía de haberse metido en la cama del padre, y ahora gemía inquieto, como si el aullido de la alarma se hubiese introducido en sus sueños. «Mi pequeño», pensó Frans.

Luego se quedó de piedra. ¿Estaba oyendo pasos? No, seguro que se los había imaginado; no se podía oír nada más que la alarma. Preocupado, miró por la ventana. El viento parecía haber arreciado como nunca. El agua del mar azotaba el embarcadero y la orilla. Los cristales temblaban y se combaban ligeramente. ¿Podrían las violentas ráfagas de viento de la tormenta haber activado la alarma? Quizá no fuera más que eso.

Sin embargo, tenía que comprobarlo, claro, y pedir ayuda si fuera necesario, y ver si esa vigilancia de la que se iba a encargar Gabriella Grane había llegado ya. Hacía horas que dos agentes de la policía de orden público estaban en camino. Qué ridículo. Siempre había algo que los retrasaba, ya fuera el mal tiempo, ya una serie de contraórdenes: «¡Venid a echarnos una mano!». Si no era por una cosa era por otra. Estaba de acuerdo con Gabriella: una desesperante incompetencia.


Príncipes de Tartesos
Antonio-Prometeo Moya, Editorial Almuzara, Córdoba, mayo, 2015

La novela narra la historia de la iniciación y entrada en la madurez de un adolescente de la casa real tartesia, embarcado en una aventura maravillosa: un viaje por los confines del mundo conocido en el siglo VI a.C, en pos de un futuro mejor para su civilización.
La historia cuenta la persecución implacable de unos misteriosos secuestradores por el príncipe heredero de Tartesos. Le acompaña una tripulación compuesta por cincuenta personajes de las procedencias más dispares; marinos, médicos, carpinteros, pintores, escultores, guerreros, desertores, ladrones, asesinos y simples esclavos.
Todos ellos acabarán enfrentándose a un sinnúmero de peligros. Su guía principal es un griego, discípulo del filósofo Anaximandro de Mileto. El capitán de la expedición es el príncipe heredero de Tartesos. El narrador de la aventura, su hermano menor.
Esta novela es además un muestrario de tipos humanos, un recorrido por pequeñas historias locales, por sociedades en formación y culturas en transformación que refleja fielmente el estado de las últimas investigaciones sobre la civilización tartesia y las poblaciones mediterráneas y europeas del siglo VI a.C.


La vida perenne
José Luis Sampedro, Editorial Plaza&Janés, Barcelna, marzo, 2015

Un cuaderno de notas hecho con citas, reflexiones y fotografías, como si fueran la carpeta en la que un adolescente apunta sus referencias, sus ideas, las cosas que le gustan, con el fin de hacerse una identidad.
Es un revelador y fascinante viaje a través de la filosofía vital del autor, acompañado por las sugestivas imágenes del fotógrafo Chema Madoz. Es este un libro que acerca a los lectores al José Luis más íntimo, apenas conocido. Un compendio esencial y sorprendente. La vida perenne descubre una faceta inédita de la rica personalidad del autor. Su compromiso vital con la escritura y la sociedad es de sobra conocido, pero sólo sus más íntimos sabían de los caminos que exploró para llegar al desarrollo de su ideal humanista. Este libro recoge ese camino hacia la sabiduría perenne.
"Quienes conocieran a Sampedro, encontrarán en este libro la sensación de que él vuelve y charla con ellos. Los que no, encontrarán sabiduría, píldoras que les harán reflexionar y aquietarán su espíritu", Olga Lucas, esposa de Sampedro.


Casa O’Gorman 1929
Toyo Ito; Victor Jiménez; Xavier Guzmán Urbiola, RM Verlag, México, marzo, 2015

Esta obra narra la historia del primer proyecto arquitectónico de Juan O'Gorman y de su reciente restauración. El libro rescata y rinde homenaje al que sin duda es uno de los ejemplos pioneros en la vanguardia de la arquitectura moderna internacional. Juan O?Gorman se inició como arquitecto de manera espectacular a los 24 años de edad, con el proyecto de una casa que comenzó a construir en 1929 y concluyó en 1931. Gracias a ella, Diego Rivera le encargó su casa estudio y la de Frida Kahlo, construidas en 1931-1932.
El libro incluye 70 fotografías de calidad extraordinaria, reproducciones de planos y los textos: “La primera casa funcionalista levantada en México por Juan O’ Gorman”, de Guzmán Urbiola; “La casa de Juan O’ Gorman de 1929”, de Víctor Jiménez, y “El prodigio de la vanguardia y la pureza. Las casas de Diego Rivera y Frida Kahlo, y la casa del arquitecto Juan O’ Gorman ”, del arquitecto japonés Toyo Ito, Premio Pritzker 2013.
Esta publicación, coeditada por RM, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), forma parte del rescate y de la puesta en valor de la ahora Casa O’ Gorman adquirida en 2010, restaurada y abierta al público en 2013.


Hombres buenos
Arturo Pérez-Reverte, Editorial Alfaguara, Barcelona, marzo, 2015

Hombres buenos: una intriga histórica en el París prerrevolucionario, está basada en hechos reales y documentada con extremo rigor. Narra la heroica aventura de quienes se atrevieron a cambiar el mundo con libros y con la que Arturo Pérez-Reverte vuelve al territorio literario que abrió para la literatura con El club Dumas.
A finales del siglo XVIII, cuando dos miembros de la Real Academia Española, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, recibieron de sus compañeros el encargo de viajar a París para conseguir de forma casi clandestina los 28 volúmenes de la Encyclopédie de D’Alembert y Diderot, que estaba prohibida en España, nadie podía sospechar que los dos académicos iban a enfrentarse a una peligrosa sucesión de intrigas, a un viaje de incertidumbres y sobresaltos que los llevaría, por caminos infestados de bandoleros e incómodas ventas y posadas, desde el Madrid ilustrado de Carlos III al París de los cafés, los salones, las tertulias filosóficas, la vida libertina y las agitaciones políticas en vísperas de la Revolución francesa.


Capítulo Primero

Cruje el piso de madera cuando, tras los postres, un mozo trae la bandeja con una cafetera humeante, agua y una botella de licor, así como avío para fumar. Solícito con sus dos comensales, Vega de Sella, el director de la Real Academia Española, hace él mismo los honores: una taza colmada y una copita de marrasquino al bibliotecario, don Hermógenes Molina, y un dedo de moscatel al almirante Zárate, cuya austeridad —apenas ha probado el carnero verde y el vino de Medina del Campo— es notoria entre los miembros de la Docta Casa. Los tres están sentados en torno a una mesa del comedor pequeño de la fonda La Fontana de Oro, por cuya ventana abierta alcanza a verse el tráfico de calesas y gentío que sube y baja por la carrera de San Jerónimo.

—Es toda una aventura —está diciendo Vega de Sella—. Con la que, no necesito insistir en ello, ganan ustedes el reconocimiento de sus compañeros y de la Academia... Por eso quería agradecérselo a los dos con esta comida.

—No sé si estaremos a la altura —comenta el bibliotecario—. De lo que se espera.

Vega de Sella hace un ademán confiado, mundano, pletórico de oportuno afecto.

—De eso no me cabe duda —apunta, alentador—. Tanto usted, don Hermógenes, como el señor almirante, cumplirán como quienes son... Tengo la absoluta certeza.

Dicho eso, se inclina sobre la mesa y acerca el extremo de un cigarro habanero a la llamita de la vela encendida que trajo el mozo con el tabaco.

—Absoluta certeza —repite, recostándose en el respaldo de la silla mientras su sonrisa deja escapar una nube de humo azulado.

Don Hermógenes Molina, bibliotecario de la Academia —los amigos de confianza se atreven a llamarlo don Hermes—, asiente cortés, aunque poco convencido. Es un hombre bajo, grueso, bonachón, viudo desde hace cinco años. Latinista conspicuo, profesor de lenguas clásicas, su traducción de las Vidas paralelas de Plutarco marcó un hito en las letras cultas hispanas. Aunque poco cuidadoso de su apariencia —la casaca rozada en los codos tiene manchas de chocolate y restos de rapé en las solapas—, su buen carácter lo compensa con creces, haciéndolo estimado de sus compañeros. Como bibliotecario, permite a éstos utilizar libros que son de su propiedad particular, e incluso realiza adquisiciones de ejemplares raros o útiles en librerías de viejo con dinero propio, del que siempre olvida pedir el reembolso. A diferencia del director y de otros académicos, don Hermógenes no usa peluca ni polvos para el cabello, que lleva mocho y mal cortado, todavía oscuro aunque veteado de canas. La barba cerrada, que precisaría dos afeitados diarios para mostrar aseo, sombrea un rostro donde los ojos castaños, bondadosos, castigados de edad y lecturas, parecen contemplar el mundo con cierto despiste y un educado asombro.

—Lo haremos lo mejor que podamos, señor director.

—No me cabe duda.

—Confío mucho en el señor almirante —añade el bibliotecario—. Es hombre viajado, tiene mundo. Y habla muy bien francés.

Se inclina levemente el aludido desde la silla donde se encuentra con la espalda recta, rígido y formal como de costumbre, apoyados en el borde de la mesa los puños de su impecable casaca de frac negra, rematada por un corbatín ancho de seda, de nudo perfecto, que parece obligarle a mantener aún más erguida la cabeza. Vivo contraste, en toda su cuidada persona, con el desaliño entrañable del bibliotecario.

—También usted lo habla, don Hermógenes —apunta, seco.


Nat Tate 1928-1960. El enigma de un artista americano
William Boyd, Malpaso, Barcelona, enero, 2015

Nathwell Tate, gran pintor abstracto y desdichado, se arrojó a las aguas neoyorquinas en enero de 1960. Nunca se halló su cadáver y a duras penas se hallarían dieciocho briznas de su trabajo, pues él mismo se había encargado de destruirlo poco antes de morir. Muchos años después, David Bowie, Gore Vidal, William Boyd y John Richardson convocaron una fiesta de homenaje en el loft de Jeff Koons. Allí se leyeron fragmentos de este libro a la élite cultural de Manhattan, la cual, según las crónicas, recordaba vagamente al malogrado artista, apreció el formidable mérito de sus obras residuales y se sintió muy impresionada por su trágico destino.
Boyd, entre ironía y acercamiento histórico, juega con la realidad y la ficción apoyado en algunos compinches de excepción, como los antes citados Bowie, Vidal y Richardson. El resultado es un libro compuesto por pequeños fragmentos que Boyd ha ido encontrando de Tate en el que reflexiona sobre el arte contemporáneo. No escatima en documentos visuales como fotografías y obras de Tate, además de respaldar su investigación con declaraciones de personas que llegaron a coincidir con el artista.


Todavía no sé lo que me impulsó a subir las escaleras de la galería que Alice Singer tiene en la calle 57 de Nueva York. Fue en junio de 1997. La exposición se titulaba Un aire abarrotado: el dibujo americano, 1900-1990 y parecía desmesuradamente ambiciosa para un espacio tan pequeño. Además, las noticias que sobre ella había leído en el Times y el New Yorker prefiguraban con displicencia mis prejuicios naturales. Caía la tarde, tenía calor, estaba cansado y vagaba ante docenas de dibujos y esbozos anodinos (un Feininger, un zapato de Warhol, un garabato de Twombly me llamaron la atención) cuando algo que nunca hubiera esperado me dejó atónito. Era un dibujo de 30 x 45 centímetros, en tinta, técnica mixta y collage: Puente n.º 122. No me hizo falta leer la cartela para saber que era de Nat Tate.

No estaba fechado, pero sabía que debía ser de los primeros cincuenta, una pieza de su en otro tiempo legendaria (aunque hoy totalmente olvidada) serie de dibujos inspirada en El puente, el gran poema de Hart Crane. Todos los dibujos de la secuencia (y se decía que constaba de unos doscientos) eran de formato parecido: arriba se veía la representación de un puente audazmente estilizada (a veces una maraña de vigas, a veces un simple arco) y abajo, ocupando dos tercios o la mitad de la superficie, se acumulaba un amasijo de desperdicios: puñaladas de tinta o tachones furiosos, ocasionales imágenes semifigurativas (unas veces obscenamente parecidas a grafitis, otras dibujados con pericia y cuidado), letreros o caracteres encolados, ilustraciones arrancadas de revistas o collages diestramente yuxtapuestos en un estilo que recuerda al de Kurt Schwitters. «Me gustan los puentes —le dijo Nat Tate a un conocido—, tan fuertes, tan simples, pero piensa en lo que fluye abajo con el río.» .


Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos
Pablo Neruda, Seix Barral, Barcelona, enero, 2015

Se trata de 21 poemas inéditos que fueron descubiertos hace tres años en la Fundación que lleva su nombre en Santiago de Chile.
Hallados en diversas cajas, fueron escritos en cuadernos, en el dorso de un programa musical, en el menú de un barco en plena travesía, al reverso de una guía de equipajes de ferrocarril, o a kilómetros de altura, camino de Río de Janeiro.
La relevancia de esta obra inédita reside en que los poemas pertenecen a un periodo que abarca desde principios de los años 50 hasta poco antes de su muerte, en 1973. Son, por lo tanto, posteriores a Canto general (1950) y fueron escritos en la época de madurez del escritor chileno. La certificación de la autoría los convierte en el mayor hallazgo de las letras hispanas en los últimos años.
Esta edición, anotada por Darío Oses, incluye un prólogo de Pere Gimferrer y la reproducción facsimilar de varios de los poemas encontrados.
Para dar cierto orden al libro, el criterio editorial ha sido agrupar los seis poemas amorosos en un primer bloque y los 15 restantes en un capítulo de otros poemas.

Poema 15

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía... [...].


Deseo de chocolate
Care Santos, Editorial Planeta, Barcelona, mayo, 2014

El relato abarca la evolución y el desarrollo de la producción del chocolate retrocediendo en el tiempo, desde la actualidad hasta su industrialización durante el siglo XIX y su llegada a Barcelona en el siglo XVIII. Cada etapa histórica se cuenta de forma independiente. El único vínculo es un objeto: una chocolatera de porcelana fina.
La misma chocolatera en manos de tres mujeres que viven en tres siglos distintos. La primera en poseerla es Sara, propietaria de un apellido que en Barcelona es sinónimo de chocolate. Es una mujer actual de unos 40 años propietaria de una chocolatería e involucrada en un triángulo amoroso, y que se enorgullece de dar continuidad a la tradición heredada de sus padres.
En la segunda historia, la chocolatera se halla en la casa de una familia acomodada del siglo XIX, de donde Aurora, hija de una sirvienta, y para quien el chocolate es un producto prohibido, robará la pieza. De fuerte contenido histórico, esta parte está inspirada en el reconocido chocolatero Amatller.
La última parte, está protagonizada por la joven Mariana, esposa del fabricante de chocolate más famoso del siglo XVIII, abastecedor de la corte francesa e inventor de una máquina prodigiosa.

COMPORTAMIENTO DE LOS POLIMORFOS

Las personas —está en nuestra naturaleza— nos aburrimos de todo. De los objetos, de las diversiones, de la familia, incluso de nosotros mismos. Da igual que tengamos cuanto deseamos, que nos guste la vida que hemos elegido o que compartamos los días con la mejor persona del mundo. Las personas, antes o después, terminamos por aburrirnos de todo.

Las personas —está en nuestra naturaleza— nos aburrimos de todo. De los objetos, de las diversiones, de la familia, incluso de nosotros mismos. Da igual que tengamos cuanto deseamos, que nos guste la vida que hemos elegido o que compartamos los días con la mejor persona del mundo. Las personas, antes o después, terminamos por aburrirnos de todo.


Los años de peregrinación del chico sin color
Haruki Murakami, Tusquets, Barcelona, octubre, 2013

Narra la historia de un joven Tsukuru Tazaki, que, cuando era adolescente se sentaba durante horas en las estaciones para ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de ferrocarril y que lleva una vida tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente. Ecos del pasado y del presente, pianistas capaces de predecir la muerte y de ver el color de las personas, manos de seis dedos, sueños perturbadores, muchachas frágiles y muertes que suscitan interrogantes componen el paisaje, pautado por las notas de Los años de peregrinación de Liszt, por el que Tsukuru viajará en busca de sentimientos largo tiempo ocultos.

1

Desde julio de su segundo año universitario hasta enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivó casi todo el tiempo pensando en morir. Entretanto cumplió veinte años, pero esa muesca en el tiempo no significó nada para él. Durante esos meses, la idea de acabar con su vida le parecía de lo más natural y legítima. Todavía ahora, mucho tiempo después, ignoraba la razón por la que no había dado ese último paso, a pesar de que, en aquel entonces, franquear el umbral que separaba la vida de la muerte le habría resultado más fácil que tragarse un huevo crudo.

Si Tsukuru no llegó a consumar el suicidio fue quizá porque si fijación con la muerte era tan pura e intensa que el modo en que podría suicidarse no se asociaba en su mente con a imagen concreta. En su caso, la concreción era más bien un aspecto secundario. De haber tenido a su alcance una puerta que condujese a la muerte, la habría abierto sin titubear, sin pensárselo dos veces, como una prolongación de su día a día, por así decirlo. Pero por fortuna o por desgracia, no encontró a mano esa puerta.


La vida es un regalo
María de Villota, Plataforma Editorial, Barcelona, octubre, 2013

La expiloto de Fórmula 1 María de Villota relata en esta obra el vuelco que dio su vida tras el fatal accidente, en el que estuvo a punto de perder la vida y por el que sufrió graves secuelas, en el transcurso de unas pruebas aerodinámicas con el equipo ruso Marussia en el aeródromo británico de Duxford de Fórmula 1 en el verano de 2012. También cuenta el día en que, estando convaleciente, le cortaron el pelo, cuando tuvo su primer parche, cómo optó por hacerse la dormida la primera vez que le preguntaron por su ojo, o cómo se sintió al volver a pisar la arena de la playa. Cómo el Whatsapp fue su aliado para retomar el contacto con sus amigos, cuando se sentía demasiado agotada como para hablar por teléfono. Y rememora su infancia, su carrera, lo difícil que le resultó, como mujer, moverse en un mundo, el del motor, copado por hombres.
Lejos de caer en el desánimo, su tenacidad y su coraje han sido más poderosos que aquel trágico suceso. La vida es un regalo es el testimonio conmovedor y apasionante de una mujer que no ha renunciado a seguir pilotando con mano firme su propia vida.

Y un día te das cuenta de que vivías dormido, pasabas a ciegas y sentías a medias. Si un accidente no ha parado en seco tu vida, vive soñando, pasea observando y ama apostando. Si un accidente ha parado por un momento tu vida, sabes de lo que estamos hablando. Este libro es para nosotros.


Inferno
Dan Brown, Editorial Planeta, Barcelona, mayo, 2013

La estructura de la novela, similar a la de anteriores éxitos, tiene de nuevo como protagonista a Robert Langdon, una vez más inmerso en los misterios de la cultura europea con múltiples códigos y jeroglíficos que resolver, en esta ocasión con Dante Alighieri y su 'Inferno' (de 'La divina comedia') como eje central de la trama.
En el corazón de Italia, el catedrático de Simbología de Harvard Robert Langdon se ve arrastrado a un mundo terrorífico centrado en una de las obras maestras de la Literatura más imperecederas y misteriosas de la Historia: el Infierno de Dante.
Con este telón de fondo, Langdon se enfrenta a un adversario escalofriante y lidia con un acertijo ingenioso en un escenario de arte clásico, pasadizos secretos y ciencia futurista. Apoyándose en el oscuro poema épico de Dante, Langdon, en una carrera contrarreloj, busca respuestas y personas de confianza antes de que el mundo cambie irrevocablemente.

1

Los recuerdos comenzaron a tomar forma lentamente..., como burbujas emergiendo a la superficie desde la oscuridad de un pozo sin fondo.

«Una mujer cubierta con un velo.»

Robert Langdon la contemplaba desde el otro lado de un río cuyas turbulentas aguas estaban teñidas de sangre. En la orilla opuesta, la mujer permanecía de pie, inmóvil, solemne y con el rostro oculto por un velo. En la mano sostenía una cinta tainia que alzó en honor al mar de cadáveres que había a sus pies. El olor a muerte se extendía por todas partes.

«Busca —susurró la mujer—. Y hallarás.»

Langdon escuchó las palabras como si las hubieran pronunciado en el interior de su cabeza.

—¡¿Quién eres?! —exclamó, pero su boca no emitió sonido alguno.

«El tiempo se está agotando —susurró ella—. Busca y hallarás.»

Langdon dio un paso hacia el río pero advirtió que, además de estar teñidas de sangre, sus aguas eran demasiado profundas.

Cuando volvió a alzar la mirada, los cuerpos que había a los pies de la mujer se habían multiplicado. Ahora había cientos, miles quizá.

Algunos todavía estaban vivos y se retorcían agonizantes mientras sufrían muertes terribles e impensables... Consumidos por el fuego, enterrados en heces, devorándose los unos a los otros. Desde la otra orilla del río, Langdon podía oír sus angustiados gritos de sufrimiento.

 

Bipolar
Elena Méndez, Linajes Editores, México, julio, 2011

Se trata de un libro compuesto por 21 cuentos que nos hablan sobre personajes con trastorno afectivo bipolar (padecimiento anteriormente conocido como psicosis maniacodepresiva). Está dividido en dos apartados: ‘El cuerpo del delito’, donde se aborda la fase maniaca; y ‘Tal vez morir en soledad’, que alude a la fase depresiva.
Dicho trastorno no se nombra explícitamente, sino que se permite que el lector lo deduzca, basado en el comportamiento de los personajes, que suelen moverse en la clandestinidad y ejercer las más inusitadas transgresiones.
Las temáticas abordadas son, entre otras: el amor, el erotismo, la soledad, la amistad, la muerte… todo lo que rodea al ser humano y lo hace ser como es.
También hay una fuerte crítica social, enfocada, sobre todo, a la doble moral y la hipocresía.
El estilo de la autora muestra una enorme influencia de autores como Julio Cortázar, José de la Colina y Élmer Mendoza, particularmente en los tópicos, el uso de la temporalidad y el empleo lúdico del lenguaje.

Sinaloa y sus ojos cafés

Te disgusta viajar adelante adelante o hasta allá atrás, pero ni modo, te tocó la última opción.

Bueno, hay que resignarse y traes un chingo de cargamento; haces algo inusual en ti; pedir ayuda; le dices a un pasajero que te ayude a subir unos cartones llenos de libros, y tu compañero de asiento se ofrece a colocar tu maletota allá arriba.

Admiras sus piernas, piensas que es basquetbolista, pero no, es beisbolista. Es un chavo buena onda; sin querer, empiezas a confesarle tu vida a este desconocido, tal como Arreola contaba que solía hacerlo, y es que a veces es preferible contarle tu vida a un extraño que a una persona supuestamente confiable.

Te saca de onda, porque dice que tiene veinte años. ¡Ja…! ¿Quién te va a creer? Y claro, le exiges muestre su credencial de elector. El güey viene tomadillo (de hecho, no podría dejar de darte el tufo), y te muestra su identificación.

17-10-79; por lo tanto, te lleva un poco más de dos años. Su amigo viene en calidad de cucaracha fumigada; permanece en posición fetal durante buen tiempo, mientras este bato se ríe de él.


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