El elemento desprendido de
madrugada de la estructura de la Giralda de Sevilla, previsiblemente
debido a la lluvia y el viento causados por la borrasca Leonado,
es una de las jarras de azucenas que coronan las cuatro esquinas
de la terraza del campanario, concretamente el más cercano
a la Puerta de Palos.
Las jarras de azucenas, de hierro y bronce, diseñadas
por el maestro mayor, Hernán Ruiz inspiradas en un diseño
de un eloípilas, usado para estudiar los vientos. La
intención original de estas jarras era introducir unas
luminarias, es decir, unas mechas que se encendieran en los
días señalados del año, ya fuere por motivos
religiosos, victorias militares o entronaciones.
Dos siglos después, en 175,1 el herrero Basilio Cortés
rehízo las jarras e introdujo las azucenas metálicas
y las doró, junto a la bola donde más tarde se
asentaría el Giraldillo. Entonces su función se
convirtió en un símbolo mariano que representaba
la pureza de María y la Inmaculada Concepción.
Las obras originales se hicieron de hierro y bronce y se consagraron
como elementos fundamentales del escudo del Cabildo de la Catedral
junto a la torre. Y ya en el siglo XX debido al deterioro que
sufrían, fueron sustituidas por otras de hierro fundido
obra del reconocido orfebre sevillano Fernando Marmolejo Camargo
en 1981.
Nada más amanecer se realizó una inspección
técnica visual del resto de remates de la torre por parte
de los técnicos responsables de la Catedral, sin detectarse
otros defectos aparentes, de modo que se ha decidido abrir con
normalidad el monumento que, junto a la Catedral, a la que está
anexa, es el más visitado de Sevilla, con 2,3 millones
de personas en 2025.